Against Ana & Mia

Yo tuve anorexia y bulimia.

Cuando un adolescente se suicida, los demás dicen "estaba loco". Lo que no tratan de comprender es que puede ser tan malo cómo para que una persona decida quitarse la vida.

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viernes, 16 de agosto de 2013

¿Cómo me convertí en una chica con anorexia?

Esta es mi historia con Ana y Mia. 
Yo tenía 9 años cuando estaba sentada viendo TV, estaba sola en la sala, mi madre hacía la comida. De pronto pasaron los comerciales en la TV y apareció una publicidad de ropa. Inevitablemente miré a las mujeres que aparecían, en realidad no recuerdo bien, pero ellas eran delgadas. Y a mi me parecía bonito. Esa fue la primera vez que dije "quiero ser delgada". 

Dos años después entré a la secundaria. Yo siempre he sido insegura, tímida, callada; me cuesta mucho socializar, porque siempre he creído que soy fea y que por eso no le agrado a nadie. En fin. Unos meses después de esto, mi vida se volvió un infierno. Prácticamente al cruzar la reja, mi interior me decía "regresa a casa", pero no podía hacerlo. Las chicas me molestaban sin razón alguna y por lo tanto, lo único que me quedaba para no sentirme sola durante clases, era estar con los chicos "rechazados". Sin embargo, siempre me he llevado bien con los hombres, así que tenía muchos compañeros de sexo masculino.
Al salir de la escuela, iba a mi casa diariamente. Mis padres trabajaban de 7am a 7pm. Por las tardes estaba sola, lo cuál me gustaba, porque podía estar acostada todo el día en mi cama sin que nadie me dijera nada. Sin embargo, no comía. No era a propósito. Pero estaba demasiado triste como para recordar que debía comer. Así fue como comencé a ser Ana, sin darme cuenta. 
Algún tiempo después, platicaba con un amigo, que me decía "ellas te tienen envidia, porque tú eres delgada y bonita". Eso me hizo sentir mejor, aunque yo no me sentía delgada y mucho menos bonita. El caso es que yo no quería que me envidiaran, yo quería agradarles, porque quería tener amigas. Me decidí que comería, para no ser delgada y así no me odiaran, pero no podía comer. De repente, la comida me dio asco, repulsión. No sentía hambre. Aunque comía muy poco, a veces la vomitaba porque me daba nauseas. No sabía por qué, siempre creía que me hacía daño o estaba descompuesta. 
Con el tiempo, quería estar menos tiempo en la escuela. Era horrible como me insultaban, ver cosas escritas en las paredes de mí, cosas que jamás había hecho de personas que jamás había conocido. Me daba miedo, sobre todo por una chica, que me odiaba, siempre me buscaba para insultarme. Era como la líder de un montón de mocosas estúpidas que querían joder a alguien.

Recuerdo cuando tuve mi primer novio oficial. Él fue el peor error de mi vida y por otro lado, por él estoy aquí donde estoy y eso lo agradezco. Él era un mujeriego, por lo menos el 70% de las chicas de la escuela habían sido sus novias. A mi en lo personal, me gustaba mucho, pero solo éramos amigos. Y así como empiezan las historias de amor, al principio todo es bonito y hermoso, pero con el tiempo todo cambia. Eso me paso. A pesar de tener tan solo 14 años cuando comenzamos a salir, yo lo amaba mucho (o eso pensaba yo) y él... él tenía mucha seguridad en sí mismo. Me dejó por su ex-novia, me engañó con mi "amiga", y los próximos tres años de relación, me engañó con todo lo que se movía. Mi culpa, siempre era mi culpa. Y bueno, la única culpa que tenía era, haber aguantado tres años de humillaciones. 

Él me quitó todo, mi seguridad, mi felicidad, mi virginidad, etc. Ser delgada era lo único que podía controlar y ahora ya tenía las herramientas para hacerlo. Así fue como conocí a Ana y a Mia, me sentía sola, no podía hablar con nadie sobre cómo me sentía con respecto de mi relación con él y ellas estaban ahí. Me aconsejaron y ciegamente las escuché. Decididamente quería ser delgada, porque a los chicos les gustaban las mujeres delgadas. Pero sobre todo, quería ser perfecta, porque así me sentiría valiosa y mejor.

Recuerdo perfectamente que dejé de comer una semana, solo tomaba agua y agua y agua. Una semana sin comer, no podía dormir, no podía pensar, no podía hablar, no podía escuchar. No podía hacer nada, sin mirarme al espejo y admirar mis ojeras y mis ojos sin color. Mi mirada estaba perdida... yo ya no me sentía dentro de mi, sentía como si todos estuvieran viviendo una vida y yo, yo solo estaba parada. Estaba vacía, literalmente. Unos días después fue mi primer visita al doctor, tenía gastritis (muy leve), estaba baja de peso, mis padres temían que tuviera anemia. Afortunadamente, solo eran principios de anemia. Querían que ganara peso y eso a mi me hacía sentir impotente, porque había logrado mucho.

Mi relación cada vez iba peor. Yo me sentía nada sin él. Y como dije antes, todo lo que aprendido, se lo debo a él. Pues él me dejó y a las pocas semanas comenzó una relación, a los pocos meses ya era padre. Y mi vida dio un giro total. Había salido de la preparatoria, no sabía qué estudiar y me deprimí. Nuevamente caí en la anorexia... pero lo que ahora se conoce como drunkorexia. Los primeros seis meses después de salir de la preparatoria fueron fiestas y fiestas, adicciones y vicios. No comía más que un par de manzanas y a salir a beber, no quería engordar... pero si dejaba de comer pronto se darían cuenta.
La verdad no sé cuando terminó esa época... sólo sé que veo flashasos de recuerdos. 

Con el tiempo pude relacionar muchas cosas acerca de mi problema. Mi hermana tiene sobrepeso y siempre la comparaban conmigo. En mí decaía esa imagen de la niña delgada y bonita. No podía y no quería decepcionar a mis padres. Nunca había hecho nada que no se me permitiera. Y se me permitía ser delgada, siempre delgada y siempre arreglada. 

¿Qué dirían mis padres si supieran que he sido anoréxica la mayor parte de mi vida? No se lo imaginan... siempre han pensado que son lapsos de hormonas alborotadas.

¿Cómo salí de esto? Fue... un milagro, jajajaja. Fuerza de voluntad sobre todo.
Aun recuerdo hace casi un año, que me costaba levantarme de la cama sin llorar antes, no podía ni verme al espejo, la peor parte del día era la hora del baño porque odiaba sentir mi cuerpo. Ahora estoy bien. Algunos días son difíciles, pero ¿quién no tiene días difíciles? 

Las personas que te quieren, nunca te harán sentir mal solo porque sí. Tener baja-autoestima es casi el primer principio para entrar en la anorexia o la bulimia. Yo estoy viva ahora, gracias a mi y mis ganas de hacer algo por las demás personas.

Espero que les haya gustado, sé que no es exactamente una descripción de mis días con la enfermedad, pero eso explica muchas cosas en el fondo. Un beso.

¿Por qué Ana y Mia?

Las personas que tienen anorexia y bulimia, suelen considerar estas enfermedades como un estilo de vida. Así es, así como diariamente tu y yo respiramos para vivir, quien sufre de anorexia o bulimia, deja de comer o vomita para vivir. Se escucha terrible, ¿no? Pero así es esta transformación de la identidad.


Una pregunta muy concurrida es "¿por qué las llaman Ana y Mia?". Bueno, esta transformación de la identidad tiene que ver con que se le den estos nombres a las enfermedades. De cierta forma, se acepta la enfermedad como si fuera alguien real, de carne y hueso, alguien que puedes tocar y escuchar. Se personifican estas enfermedades, para poder seguir los consejos y tips de una amiga real. 
Así como ves a tu mejor amiga todos los días y comes con ella, hablas con ella, la escuchas, le cuentas como te sientes; así es como nosotros vemos a Ana y a Mia diariamente. Les designamos un nombre, para poder interactuar con ellas y verlas reales.

Es importante saber que no son simplemente abreviaciones de Anorexia (Ana) y Bulimia (Mia). Es algo mucho más complejo que eso. Es todo un proceso mental, en el cuál llegamos a ver y sentir a estas dos personas, que nosotras mismas hemos creado. Las nombramos y les damos características específicas, que para nosotros son nuestros modelos a seguir, porque son perfección. Tal vez esta es la razón por la que muchas chicas no reconocen que tienen esta enfermedad. Pues para ellas, todo lo demás no es real. 

Reconocer ciertas señales, su usted es madre o padre de familia, es la clave para poder ayudar a tiempo a sus hij@s. Estas enfermedades son serias y una persona puede vivir años dentro de este mundo tormentoso. 

sábado, 20 de julio de 2013

¿Cómo transmitir el odio al cuerpo?

Querida Mamá,

Tenía siete años cuando descubrí que eras gorda, fea y horrible. Hasta ese momento había pensado que eras preciosa -en todos los sentidos-. Recuerdo ojear viejos álbumes de fotos y ver imágenes tuyas en la cubierta de un barco. Tu bañador blanco y sin tirantas parecía tan glamouroso como el de una estrella de cine. Cada vez que tenía la oportunidad sacaba ese bañador oculto en tu cajón de abajo e imaginaba un tiempo en el que yo sería lo suficientemente mayor para llevarlo; en el que sería como tú.
Pero todo eso cambió cuando, una noche, estábamos arregladas para ir a una fiesta y me dijiste: “Mírate, tan delgada, guapa y encantadora. Y mírame a mí, vieja, gorda y horrible.“
Al principio no entendí lo que querías decir.
“No estás gorda”, dije seria e inocentemente, y tú contestaste: “Sí lo estoy, cariño. Siempre he estado gorda; incluso cuando era una niña.”

En los días que siguieron, tuve unas cuantas revelaciones dolorosas que han determinado mi vida. Aprendí que:
1. Debes estar gorda, porque las madres no mienten.
2. Ser gorda es ser fea y horrible.
3. Cuando crezca seré como tú, así que seré gorda, fea y horrible también.

Años más tarde recordé esta conversación y las centenares que la siguieron, y te maldije por sentirte tan poco atractiva, insegura e infravalorada. Porque, como mi primer y más importante modelo de conducta, me enseñaste a pensar lo mismo sobre mí misma.
Con cada mirada a tu reflejo en el espejo, cada nueva dieta milagrosa que iba a cambiar tu vida y cada culpable cucharada de “Oh, en realidad no debería, pero…”, aprendí que las mujeres deben estar delgadas para ser válidas y valoradas. Las chicas deben prescindir de ciertos placeres porque su mayor contribución al mundo es su belleza física.

Como tú, he pasado toda mi vida sintiéndome gorda. ¿Cuándo se convirtió “gorda” en un sentimiento, de todos modos? Y porque creía que estaba gorda, sabía que yo no estaba bien.
Pero ahora que soy mayor y madre, sé que culparte a ti por el odio a mi cuerpo es inútil e injusto. Ahora entiendo que tú también eres producto de un largo y rico linaje de mujeres que fueron educadas para odiarse a sí mismas.

Mira el ejemplo que la abuela fue para ti. A pesar de ser lo que podrías describir como una mujer chic víctima del hambre, hizo dieta cada día de su vida hasta que murió a los 79 años. Solía ponerse maquillaje para salir al buzón, por miedo de que alguien pudiese ver su cara desnuda.
Recuerdo su “compasiva” respuesta cuando anunciaste que Papá te había dejado por otra mujer. Su primer comentario fue: “No entiendo por qué habría de dejarte. Te cuidas, llevas pintalabios. Tienes sobrepeso, pero no mucho.”

Antes de que Papá se fuera, él tampoco te alivió por el tormento de la apariencia de tu cuerpo.
“Dios, Jan”, escuché por casualidad que te decía. “No es tan difícil. La energía que entra frente a la energía que sale. Si quieres perder peso, simplemente tienes que comer menos”.
Esa noche en la cena observé cómo ponías en práctica el remedio para adelgazar “Energía dentro, Energía fuera: Dios, Jan, Simplemente Come Menos” de Papá. Serviste tallarines chinos para cenar (¿recuerdas cómo en los suburbios australianos de los años ochenta una mezcla de carne picada, repollo y salsa de soja se consideraba la cumbre de la alta cocina?). La comida de todo el mundo estaba en un plato grande excepto la tuya. Tú te serviste tus tallarines chinos en un diminuto plato de postre.

Cuando te sentaste delante de esa patética cucharada de carne picada, unas lágrimas silenciosas resbalaron por tu cara. No dije nada. Ni siquiera cuando tus hombros comenzaron a agitarse de angustia. Todos nos comimos la cena en silencio. Nadie te reconfortó. Nadie te dijo que te dejaras de ridiculeces y que cogieras un plato en condiciones. Nadie te dijo que ya eras querida y lo suficientemente buena. Tus logros y tu valía -como profesora de niños con necesidades especiales y como dedicada madre de tres hijos- palidecieron insignificantes comparados con los centímetros que no podías perder de la cintura.
Me rompió el corazón presenciar tu desesperación y siento no haber salido en tu defensa. Ya había aprendido que era tu culpa que fueras gorda. Incluso había oído a Papá describir el perder peso como un proceso “simple” – pero al que tú no te podías enfrentar.  La lección: no te merecías la comida y ciertamente no te merecías ninguna compasión.

Pero estaba equivocada, Mamá. Ahora entiendo lo que es crecer en una sociedad que le dice a las mujeres que su belleza es lo más importante y que al mismo tiempo define un estándar de belleza que  está completamente fuera de nuestro alcance. También conozco el dolor de interiorizar estos mensajes. Nos hemos convertido en nuestras propias carceleras y nos infligimos nuestros propios castigos por fracasar dando la talla. Nadie es tan cruel con nosotras como nosotras mismas.
Pero esta locura tiene que terminar, Mamá. Termina para ti, termina para mí y termina ahora. Nos merecemos algo mejor –mejor que arruinar nuestros días con malos pensamientos sobre nuestro cuerpo, deseando ser de otra manera.

Y ya no es sólo sobre ti y sobre mí. Es también sobre Violet. Tu nieta sólo tiene tres años y no quiero que el odio hacia su cuerpo eche raíces dentro de ella y estrangule su felicidad, su confianza y su potencial. No quiero que Violet crea que su belleza es su valor más importante; que definirá su mérito en el mundo. Cuando Violet nos mira, aprende cómo ser una mujer y necesitamos ser los mejores modelos que podamos. Necesitamos enseñarle con nuestras palabras y nuestras acciones que las mujeres son lo bastante buenas tal y como son. Y para que nos crea, nos lo tenemos que creer nosotras.
Cuanto más mayores nos hacemos, más personas queridas perdemos por accidentes o enfermedades. Su fallecimiento siempre es trágico y demasiado temprano. A veces pienso en lo que esos amigos –y la gente que les quiere- darían por tener más tiempo en un cuerpo sano. Un cuerpo que les permitiera vivir un poco más. El tamaño de los muslos de ese cuerpo o las arrugas en su cara no importarían. Estaría vivo y, por lo tanto, sería perfecto.

Tu cuerpo es perfecto también. Te permite desarmar a una habitación entera con tu sonrisa y contagiar a cualquiera con tus carcajadas. Te da brazos para arropar a Violet y estrujarla hasta que se ríe. Cada momento que pasamos preocupándonos por nuestros “defectos” físicos es un momento desperdiciado, un preciado pedazo de vida que nunca volverá.
Permitámonos honrar y respetar nuestros cuerpos por lo que hacen en lugar de despreciarlos por su apariencia. Centrémonos en llevar una vida activa y saludable, dejemos a nuestro peso caer hasta donde deba, y enterremos nuestro odio al cuerpo en el pasado, adonde pertenece. Cuando miraba aquella foto tuya con el bañador blanco un montón de años atrás, mis inocentes ojos jóvenes veían la verdad. Veían amor incondicional, belleza y sabiduría. Veía a mi Mamá.


Con amor, tu hija.

lunes, 15 de julio de 2013

Y odio cuando alguna chica me dice "eres delgada, quisiera ser como tú", odio que los hombres me digan "tienes un bonito cuerpo".
Cuando es mentira, yo no quisiera ser como yo, yo no quisiera que dejaran de comer, ni que haya temporadas en donde se matan de ejercicio, en el que se cortan para sentirse mejor, no quisiera que se sintieran cansadas, o que les salieran ojeras.
Y mis brazos tienen cicatrices, a veces se me notan las costillas y los pómulos demasiado. Eso no es bonito.

Ojalá las personas vieran más allá de lo físico y me preguntaran "hoy te ves bien pero, ¿hoy estas feliz? hoy comiste antes de venir a la escuela? hoy dormiste sin que el hambre te despertara?".




Barbie y trastornos alimenticios

Hacia los 70' apareció un nuevo "juguete", la "Barbie" que poco a poco fue imponiendo la figura de una adolescente-adulta, famosa, exitosa y dueña, por así decirlo, de la belleza. Cuando Ruht Hdler creo la Barbie en 1959 reo uno de los mas exitosos juguetes de la historia. La Barbie es sin dudas unos de los juguetes mas populares del mundo,es vendida en mas 150 países con la frecuencia de dos muñecas por segundo. Ademas de ser exitosa es muy controversial. Feministas la atacan por el rol de modelo que esta representa.



Ellas remarcan que el modelo que la Barbie personifica, largas piernas, figura delgada y enormes pechos, puede ser una de las principales causas de la anorexia. Ciertos psicólogos advirtieron que este tipo de modelo podría ser peligroso por que este excluía a todas aquellas que no podían encontrarse dentro de los estándares de las Barbies.


Como recomendación personal, JAMÁS le regale estas muñecas infernales a sus hijas. 



Cintas hasta el ahogo rodeando tu cintura, vómitos para no digerir la comida, miradas furtivas al espejo.
Aún sigues creyendo que estas gorda, mientras los demás observan como los huesos se te marcan y dejas escapar tu vida.

Tu mente: engaña a tus ojos; tu obsesión: te maneja a su antojo, mientras no te das cuenta que el daño que te hagas tendrá el doble camino de vuelta.

No eres la talla de tu sostén, ni la anchura de tu cintura.
No eres el color de tu pelo, el color de tu piel o el el color de tu lápiz labial.
No te defines por la cantidad de atención que obtienes de hombres o mujeres.
No eres la foto de perfil que tienes, ni los likes que puedas obtener.
No eres ese entallado vestido o el bikini.
No eres el piercing, ni el aro que puedas tener.

ERES las cosas que sonríes y las palabras que dices.
ERES los sentimientos y pensamientos que tienes.
ERES hermosa NO por la forma de tu cuerpo o lo que pesas, sino por la calidad de persona que eres.

Que Ana y Mia no te quiten eso.

Una palabra, puede terminar en esto.





¿Existe una cura para la bulimia?

Las personas que padecen bulimia son incapaces de dominar los impulsos que les llevan a comer, pero el sentimiento de culpa y vergüenza tras ingerir muchos alimentos les lleva a una purga (vómitos autoinducidos o empleo de laxantes y/o diuréticos), regímenes rigurosos o ejercicio excesivo para contrarrestar los efectos de las abundantes comidas.
Estos tratamientos se pueden aplicar combinados o por separados, esto dependerá de cada caso en particular.

Tratamientos de la bulimia

Psicoterapia grupal o individual
- El objetivo es encontrar cuál o cuáles son las causas que producen este tipo de trastornos. Estas posibles causas serán individuales y particulares de cada paciente. El tratamiento psicológico busca lograr en este tipo de personas percibir situaciones de una manera positiva, sin necesidad de relacionar esta sensación con el aspecto físico que tengan.

Tratamiento dietético
- El objetivo es brindar pautas y conductas alimentarias. Es necesario reeducar al paciente, brindándole herramientas para establecer hábitos alimentarios correctos.

Tratamiento con medicamentos
- En caso de la bulimia nerviosa, es usual utilizar medicamentos antidepresivos que acompañen el tratamiento integral.
- Se ha comprobado que este tipo de fármacos reducen la frecuencia de comer compulsivamente y de su posterior vómito.
- Estos antidepresivos actúan inhibiendo la captación por parte del cerebro de una sustancia llamada serotonina.

Si bien estos son los diferentes tipos de tratamientos que se pueden aplicar en caso de bulimia, actualmente se considera imprescindible una acción conjunta e interdisciplinaria que logre un enfoque global de la bulimia nerviosa.

Objetivos del tratamiento

-El objetivo del tratamiento es normalizar la dieta y los hábitos alimentarios, regular el peso y resolver los problemas psicológicos, familiares o sociales.
-Normalizar la dieta. Se inicia una dieta equilibrada y variada haciendo a la paciente responsable de ella desde el primer día. Se deben hacer todas las comidas, procurando comer despacio y masticando bien.
-No acumular alimentos en casa. Se debe advertir que el deseo de hacer comilonas puede durar varios meses.
-Estabilizar el peso. No deben pesarse más de una vez por semana. Darse cuenta de que son capaces de controlar su peso con una dieta armónica les eleva el estado de ánimo y la autoestima, lo que supone un buen refuerzo positivo.
-Normalizar el organismo. Se debe abandonar el consumo de drogas o alcohol, así como el uso de diuréticos y laxantes, ya que provocan deshidratación e importantes disminuciones en los niveles de potasio, cloro, etc.
-Atender los aspectos psicológicos del cuadro. Se puede aplicar terapia individual, grupal o familiar. El modelo cognitivo-conductual es el más aceptado en el tratamiento de la bulimia.
-El hecho de que controlen sus dietas, el peso se estabilice y no vomiten hace que recuperen su confianza. De todas formas hay que ayudar con antidepresivos.
-Mejorar el nivel de relaciones. La familia debe mentalizarse en su papel de coterapeuta. Los grupos de padres o grupos mixtos de pacientes y familiares suelen tener una función positiva.
-La dinámica de atracones y vómitos puede tener consecuencias sociales de retraimiento progresivo, por lo que se han de fomentar las relaciones interpersonales.

-Reaprendizaje. Deben volver a aprender respuestas ante el estrés o las situaciones que generan ansiedad. Hay que identificar los factores estresantes que actúan como desencadenantes o como factores de mantenimiento y anticiparse a los problemas para prevenir situaciones de riesgo.

¿Cómo saber si mi hija/o sufre de anorexia o bulimia?

Bueno, yo tengo 21 años y hasta la fecha mis padres JAMÁS, jamás se dieron cuenta que sufría de anorexia. Sin embargo, aunque en algún momento me sentía orgullosa de que ellos no lo notaron... con el tiempo me puse a pensar, ellos no me conocen. No saben cuál es mi color favorito, qué tipo de música me gusta, mi libro favorito, no saben que cuando tenía 11 años sufría bullying en la escuela y por esa razón no me gustaba ir, ni tenía buenas calificaciones.
Desgraciadamente los padres creen que conocen a sus hijos, pero lamentablemente no es así. Si no hay comunicación, la mayor parte de las veces, entonces los hijos no confían en los padres.

Yo como una hija con anorexia no pediría ayuda a mis padres, por varias razones que a continuación diré:
- Me pueden decir que no estoy enferma, solo necesito atención.
- Pueden decirme que estoy loca.
- Pueden decirme, "¿por qué haces esto? nosotros te hemos dado todo."
- Pueden decirme, "¿en qué fallamos?"
- Me dirían, "es una etapa, ya se le pasará".
Entre otras cosas, que ni siquiera son de nuestra incumbencia.
En vez de reprochar, como la mayoría de los padres saben hacerlo, en mejor sentarse y escuchar. Para nosotros es difícil aceptar que tenemos un problema, pero es mucho más difícil contarlo por miedo a que nos juzguen.

Si usted es madre o padre y piensa que su hijo o hija tiene alguna enfermedad de tipo anorexia o bulimia, le puedo dar unos consejos para confirmar sus sospechas.
-La imagen.
Para nosotras, la imagen es primordial. Así que tendemos a tratar de ser "perfectas". ¿Qué es lo primero que hacemos cuando nos preocupamos por la imagen? Primero buscamos un modelo a seguir, lo que nosotras llamamos como "thinspiration", y tratamos de ser físicamente como el modelo. Nos arreglamos y vestimos e incluso hablamos de la misma manera.

-La dieta.
Junto con la imagen, va la dieta. No es una dieta sana. Inmediatamente dejamos de comer la misma cantidad que comíamos. Si antes comía 2 huevos en el desayuno, come 1, sin aceite o sin mantequilla. Si comía pan, deja de comerlo porque "está gorda". Seamos sinceros, como jóvenes amamos comer puras cosas sabrosas, como pizza, hamburguesa, refresco. Si de repente deja de comer esto, puede preocuparse un poco.

-Jugar con la comida.
A la hora de comer, si no se puede evitar, entonces se juega. Se corta la comida en trozos muy pequeños y se mastica un solo pedazo una y otra vez, durante varios minutos. Generalmente se toma un sorbo de agua, después de tragar cada pedazo.
Incluso, se suele tomar un vaso de agua o dos antes de la comida, para sentirse llena y no comer de más.

-Pretextos.
Para no comer como: "ya comí en casa de una amiga", "me duele el estómago", "algo me cayó mal" y el más importante, "no tengo tiempo, comeré en mi habitación". Es importante que no coman en su cuarto, porque entonces no comerán. Tiran la comida o la guardan.

-Después de la comida...
¿Después de comer su hija corre al baño? Tenga cuidado, porque seguramente vomitará lo que acaba de comer.

-Ropa.
Si su hija antes usaba blusas de tirantes y ahora usa blusas holgadas. O si usaba shorts y ahora usa pants, debería preocuparse porque intenta ocultar su bajada extrema de peso.

domingo, 14 de julio de 2013

¿Qué es la bulimia?

La bulimia es una enfermedad que consiste básicamente en la ingesta excesiva de alimentos que más tarde desata conductas anormales como vómitos intencionados, abuso de laxantes y diuréticos, o dietas restrictivas intermitentes lo que acaba convirtiéndose en una costumbre que a la larga cambia por completo la conducta del paciente. Es una enfermedad mental, pues el temor a engordar afecta directamente a los sentimientos y emociones de la persona, influyendo de esta manera en su estado anímico que en poco tiempo desembocará en problemas depresivos.
La media de edad de inicio se sitúa en los 19 años y las personas que han sufrido anorexia o han realizado dietas sin control tienen un mayor riesgo de sufrir esta patología. En esta enfermedad se pueden distinguir dos subtipos:
*Purgativo: el enfermo recurre a los vómitos u otros métodos purgativos para evitar el aumento de peso.
*No purgativo: Utiliza métodos no purgativos como el ayuno o el ejercicio físico compulsivo, pero no recurre a vómitos, diuréticos o laxantes

En el origen de esta enfermedad intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales que desvirtúan la visión que el enfermo tiene de sí mismo y responden a un gran temor a engordar. El enfermo de bulimia siempre se ve gordo, aun cuando su peso es normal, pero no puede reprimir sus ansias de comer. Generalmente la bulimia se manifiesta tras haber realizado numerosas dietas dañinas sin control médico. La limitación de los alimentos impuesta por el propio enfermo le lleva a un fuerte estado de ansiedad y a la necesidad patológica de ingerir grandes cantidades de alimentos.
Hasta el momento se desconoce la vulnerabilidad biológica implicada en el desarrollo de la enfermedad y son más conocidos algunos factores desencadenantes relacionados con el entorno social, las dietas y el temor a las burlas sobre el físico. Muchos de los factores coinciden con los de la anorexia, como los trastornos afectivos surgidos en el seno familiar, el abuso de drogas, la obesidad, la diabetes mellitus, determinados rasgos de la personalidad y las ideas distorsionadas del propio cuerpo.

Los síntomas típicos de un cuadro de bulimia son los siguientes:

Atracones o sobreingesta de alimentos: El enfermo come una gran cantidad de alimentos en un espacio de tiempo muy corto. No tiene control sobre la ingesta y es tal la ansiedad que cree que no puede parar de comer.
Para prevenir el aumento de peso y compensar el atracón o el exceso de las comidas se provoca vómitos, utiliza laxantes, diuréticos, fármacos, o recurre a otros medios que le permitan controlar el peso, como la practica abusiva de actividades deportivas.
Los ciclos de atracones y vómitos se manifiestan un mínimo de dos veces por semana.
La autoestima del enfermo es baja y la identifica con su cuerpo.



¿Cuáles son las consecuencias?
Alteraciones digestivas. Son las más frecuentes, entre las que destacan úlceras en el esófago, por el paso del contenido del estómago a la boca; aumento del tamaño de las glándulas salivares; dilatación del estómago o rotura, ya sea por la ingesta masiva o por el esfuerzo al vomitar; pérdida significativa del esmalte dental y aparición de caries dentales; callosidades en las manos (signo de Russell), por el paso ácido del vómito autoprovocado por el dorso de la mano.

Alteraciones respiratorias. Puede aparecer ronquera crónica e infecciones pulmonares por la aspiración hacia el pulmón de alimentos al vomitar.

Alteraciones cardiovasculares. Alteraciones del ritmo cardíaco secundarias al déficit en potasio a causa de las conductas purgativas, ya sean los vómitos o el abuso de laxantes, que pueden ocasionar la muerte.
La deshidratación por vómitos o abuso de laxantes provoca que la presión de la sangre sea baja. A raíz de los esfuerzos para vomitar es posible que aparezcan puntos rojizos en cara y cuello por roturas de pequeños vasos sanguíneos, al igual que hemorragias en la conjuntiva de los ojos.

Alteraciones neurológicas. Se produce una atrofia del cerebro y pueden tener crisis convulsivas (epilépticas).

Alteraciones hormonales. Es posible que tengan los ciclos menstruales normales, aunque lo habitual es que presenten irregularidades menstruales o amenorrea, al igual que las anoréxicas.

Alteraciones renales. A consecuencia de los vómitos y las diarreas se producen deshidratación y alteraciones en los niveles de potasio, sodio y cloro.

Alteraciones psíquicas. La depresión aparece tanto como causa como consecuencia.
Casi en la mitad de los casos tienen o han tenido un trastorno afectivo. Las alteraciones más frecuentes son las siguientes: – Intentos de suicidio.
– Consumo de drogas o alcohol (7-10 %).
– Trastornos de pánico.
– Ansiedad, no sólo antes del atracón, sino acompañando al descontrol que favorece su desencadenamiento.
– Fobia social, es decir, evitan relacionarse con la gente o salir, porque no se gustan.
Esto en ocasiones puede ser la causa definitiva de abandono del trabajo o estudios.
– Irritabilidad.
– Alteraciones del sueño.
– Alteraciones de la personalidad.
– Cleptomanía (impulso obsesivo e incontrolable de robar objetos sin valor monetario ni sentimental alguno).

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